Cada vez me siento más robado, y ya no solo se trata de que abusen con el precio de la finca raíz y de los restaurantes. No creo que exista en Bogotá un taxímetro que no esté adulterado, por ejemplo; no entiendo por qué las aerolíneas cobran por cambiar la fecha de un vuelo, y cobran aún más duro si lo que se quiere cambiar es el nombre de pasajero, como si importara si el que viaja soy yo o mi vecino.
Por eso ir al supermercado dejó de ser un placer. No entiendo que un litro de helado cueste veinte mil, lo mismo que un tarro mediano de aceite de oliva. Los paquetes de salchichas traen cada vez menos pero cuestan más, las lechugas y el pollo se han venido encogiendo con los años. Y no sé si me estoy volviendo loco, pero sospecho que para maximizar las ganancias, los fabricantes bolsas de basura decidieron subirles el precio pero hacerlas más delgadas. No descarto que hayan hecho también un gran recorte de personal.
Todo está arreglado para tumbarnos. Las cosas no cuestan lo que vale hacerlas sino lo que estamos dispuestos a pagar, por eso unas gafas de sol pueden costar un salario mínimo. Y el robo no es solamente en punto de venta; nos roban la realidad también, que no tiene nada de malo mientras no sepamos qué es la realidad ni en qué consiste esto que llamamos vida.
Todo está arreglado. Esta semana el mundo se conmocionó porque se destapó la existencia de una red que arregla partidos de fútbol de Alemania, Gran Bretaña, Holanda, las eliminatorias al Mundial y a la Eurocopa, así como en la Liga de Campeones, un torneo tan pulcro que es el fetiche de todos. Yo veo la Champions y me vengo porque es la perfección exacerbada: no hay una sola hebra de hilo fuera de lugar, ni una cancha pelada, ni un balón con un pedazo de cuero raspado.
Pesimista como soy, siempre sostuve que los mundiales de fútbol estaban amañados porque después del vaticano la FIFA es la mafia más grande que hay, pero trate de hacerle entender eso a un español. Todo ha sido arreglado: Miss Universo y las asambleas de la ONU, las elecciones y las encuestas, las guerras y los Olímpicos. Nos viven metiendo los dedos a la boca, solo así se explica que Colombia haya sido elegido el país más feliz del mundo.
El otro día Lance Armstrong aceptó que se dopaba y salieron unos bobos a llorar y a exclamar que el ciclista había salido de su llavero de ídolos, en el que estaba junto a Messi, Schumacher y Michael Jordan. A esta altura esas personas deberían saber que no somos sus padres y que nos tiene sin cuidado quiénes son sus ídolos. Dejen de llorar, que lo que hizo Armstrong fue ganar siete Tours de Francia contra 200 tipos que también se dopaban, entre otras porque es la única forma de aguantar tres semanas de pedaleo al máximo nivel.
Llegamos a un mundo corrupto. Comienzan a estropearnos nuestros padres cuando no son capaces de confesar que ellos son el Niño Dios. No lo dude, que todo es fingido, desde los orgasmos hasta los te amo que se dicen los enamorados. El sexo es cochino y el amor es una porquería.
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