En primer plano, el Mac blanco que compré para mí porque el plateado estaba muy caro y que ya descontinuaron porque cuando se abre a mas de 90 grados el plástico de la parte posterior de la pantalla se empieza a romper. (Apple no responde por el daño).
De fondo de pantalla, la foto de un edificio en Berlín que tomé hace dos años. Sobre ella, decenas de íconos que no sé en qué carpeta acomodar y que dan una sensación de desorden controlado. Si mira bien, más allá del edificio está mi sombra. Por último, la barra de herramientas está a un lado y no en la parte inferior para ver mejor los videos porno.
Al fondo, afuera de la pequeña sala de juntas, un letrero que dice ‘No excuses’ (la S final no cupo) que es otra de las estrategias que usan las empresas de hoy para que creamos que nos gusta el trabajo. Cada vez que lo veo me acuerdo de una canción de Alice in Chains que se llama así y que dice “You're my friend I will defend, and if we change, well I love you anyway”. Me gustaba esa canción.
De frente a mí, dos compañeros de oficina. Él, hincha de Millonarios, lleva puesta la camiseta porque su equipo jugó esta semana Copa Libertadores (jugará, en realidad, porque la foto es de antes del partido). Ella se llama Daniela y manda a decir que tiene novio. De centro de mesa, una grapadora que está sobre un computador que ya nadie usa por ser muy lento.
Comienza la semana en una oficina cualquiera, por eso, si no se ha dado cuenta, hay ocho computadores. Hay más Macs (cinco) que PC´s (tres) porque hace rato que tener algo de Apple dejó de ser especial. El lugar debería estar lleno, pero la gente se fue al salón de al lado a celebrarle el cumpleaños (con happy birthday y torta) a un compañero, lo que hace que el día sea más deprimente y a la vez demuestra que hay más insumos que ganas de trabajar.
Todo reposa insoportable sobre un gran fondo blanco (mesa, pared, sillas, rayas en la puerta de vidrio, el computador mismo) que no significa otra cosa que la vida es monótona y aburrida, solo que la odiamos un poco más los lunes. Igual se trata de una mentira, porque un estudio afirma que el ánimo de los lunes no es diferente al de ningún otro día de la semana.
Sin importar qué día sea, los objetos de la toma fueron pensados para algo cuando se fabricaron, pero lucen tan vanos ahora (incluso la cartera, los tres maletines negros, la taza amarilla, los CD`s apilados y el vaso de vidrio que no mencioné), que uno no sabe si renunciar al trabajo o pegarse un tiro.
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