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La semana pasada habíamos quedado en que el amor era una porquería. 24 horas después mi hermana me avisaba por DM que había roto fuente. Isabel será una niña amada por sus padres y también por su tío, que la querrá a su manera. Haré lo mejor que pueda porque, aunque sería un padre de puta madre, ella será lo más cercano a una hija que pienso tener ya que no me agrada la gente y no me gusta contaminar.
 
El amor es finito, no alcanza para todos. Mientras más ama uno a los seres cercanos, entre más paciencia y devoción les tiene, más odia a los extraños. Uno necesita odiar, y odiar a un desconocido es muy fácil así haya hermanos que no se puedan ni ver. Entre más amor hay en los comerciales de Coca-Cola, más podrido está el mundo.
 
¿Por qué admiramos a los que demuestran amor a sus padres, a sus hijos, si querer a un familiar es fácil? Somos raros, mataríamos a cualquier desconocido que se acercara a la ventana del carro si tuviéramos una pistola a la mano, pero nos derretimos por los animales, por ejemplo. Todos nos enternecimos con la noticia del perro que se la pasa en la tumba de su dueño fallecido, pero es una compasión de mentiras. Cosas como esa se convierten en la historia del día porque la gente es estúpida. Los perros también.
 
El amor asquea, pero nació Isabel y todo es negociable, más allá de que la gente tenga hijos no porque le importe la vida sino por egoísmo: pretendemos alargar nuestra existencia en los otros. Nació Isabel y mi padre tendría su primer nieto. Estaría conmovido, habría llorado como un bebé, porque la verdad es que antes de morir lloraba por todo; arrepentimiento por cosas que había hecho mal en el pasado, supongo. Mi papá hubiera querido a Isabel con el alma y después la hubiera cagado como la cagó con todas las mujeres que pasaron por su vida.
 
Difícil ver a mi hermana menor en el papel de madre, aunque lo hará bien. No sé si como Emilia Soria, una española que se encontró una tarjeta de crédito, gastó 200 euros en pañales y comida para sus dos hijas y fue condenada a prisión por ello y luego indultada. A Carolina la veo más cercana a una amiga que el otro día puso en Twitter que no había magia más poderosa que ver Harry Potter con su hija mientras comían palomitas de maíz juntas.
 
Yo me decepciono del amor cada vez que oigo al papá de Colmenares reclamar justicia para su hijo. Entiendo su dolor, pero esa constante repetición de que fue su hijo la víctima, como quien habla de una finca, me prueba que el amor es el sentimiento mas egoísta. Por el otro lado es imposible no indignarse cada vez que la madre de Carlos Cárdenas dice que su hijo es inocente.
 
Todo lo malo del mundo es por culpa del amor. Tengo entendido que a Pablo Escobar lo ubicaron porque llamó por teléfono a su hijo. A mí quizá no me maten, pero cada vez siento con más fuerza que en algún momento voy a empezar a necesitar del amor de las personas. Qué gonorrea.

www.lacopadelburro.com

 


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