Esta mañana llegué despechado a Carulla. Suelo ir al supermercado y no al bar cuando me rompen el corazón porque soy un niño: no me gusta el whisky, sino el helado de chocolate.
Bajó de precio el litro de Popsy, y eso me hace feliz porque lidiar las penas con placebos me estaba matando: brownies de A&A, chocolatinas Jumbo Jet de 100 gramos, galletas Morenitas. El helado de chocolate estaba tan caro que sólo podía comprarlo cuando los ponían en oferta con el 25 por ciento de descuento o cuando el golpe había sido muy duro. Ahora que está a 12 mil y fracción en vez de a 17 mil y punta puedo meterme con cualquier mujer sin pensar en las consecuencias.
Con el helado se te van todas las penas, pero tiene que ser un litro y de una sola sentada. Dos bolas en una copa no sirven de nada, hay que comer hasta que revientes, quedar tan fofo que te repugne verte al espejo. Comer hasta entender que uno puedo llenarse, pero no saciarse.
El amor es una mentira, algo que se inventaron los publicistas para aumentar las ventas en el día de la madre. El helado, en cambio, es real. Al que entra a la cárcel deberían darle un litro todos los días, al menos durante el primer mes. Con el helado de chocolate pude superar la muerte de mi padre, aunque de tanto comerlo terminé devorado por él.
Esta mañana llegué al supermercado y descubrí que al abrir el mostrador suena una grabación de una madre hablando con su hijo sobre lo rico que es comer helado. Se oían demasiado felices, lo que me hizo pensar que es como el licor: te atrapa con trucos y no te suelta hasta dejarte hecho un inútil. Debería haber comerciales de televisión prohibiendo el helado de chocolate así como existían los que incitaban a no consumir drogas.
Cuando no te guste tu vida, toma un avión. Yo prefiero comprar un litro de helado cada vez que algo anda mal, al modo en que otros se cortan el pelo o tienen sexo con el primero que se cruzan.
Hay tanto odio en el mundo que sólo el helado de chocolate puede curarlo. El helado es la respuesta a todo: a la realidad de las noticias, a que tu equipo de fútbol pierda. Es el amor de tu padre y una cita con tu siquiatra, es tu editor y el policía de la esquina; son las tetas de la mujer que amas. Después de un coño húmedo, un litro de helado de chocolate.
Comentarios
Añadir un comentario